18. Narra Maverick
La observaba desde el cristal de mi oficina. Anastasia estaba allí, tecleando con una eficiencia que, bajo cualquier otra circunstancia, me habría hecho sentir orgulloso. Pero hoy, su eficiencia me resultaba insultante. Después de la amenaza de ayer, esperaba verla quebrada, o al menos cautelosa, pero ella se movía con una determinación gélida que me hacía cuestionar si realmente le había importado la advertencia.
Me serví un dedo de whisky, aunque solo fueran las cuatro de la tarde. No era p