19. Narra Anastasia
El miércoles comenzó con una calma engañosa. Maverick no me había llamado a su oficina desde la mañana, y el silencio, aunque profesional, era más pesado que cualquier grito. Mi escritorio se sentía como una isla en medio de un océano de cristal. Estaba revisando la logística para los próximos eventos de MAVE cuando vi el movimiento en la entrada: Dakota Kleinman acababa de entrar.
No era una visita común. Dakota rara vez ponía un pie en el área administrativa; solía dirigirse directamente a la