15. Narra Maverick
La luz del amanecer filtrándose por los ventanales del penthouse no tenía nada de romántica; para mí, era el recordatorio de que la realidad volvía a reclamar su espacio. A mi lado, Anastasia dormía. Por primera vez en tres años, su cabello pelirrojo no estaba sujeto en una coleta tirante, sino desparramado sobre la almohada como una mancha de fuego.
Me quedé observándola. Era casi irónico. Durante años, la había tenido a menos de dos metros de mi silla, gestionando mis llamadas, filtrando mis