16. Narra Maverick
La jornada transcurrió bajo una tensión eléctrica. Anastasia no me dirigía ni una mirada que no fuera estrictamente necesaria para el trabajo. Como asistente, era impecable; como mujer, era un muro de hielo. Cuando llegó el final de la tarde, la vi recoger sus cosas. Su bolso no era el de una mujer que iba a casa a descansar, ya que se veía demasiado abultado; era el bolso de alguien que se preparaba para otra vida.
—Me retiro, señor Kleinman. ¿Necesita algo más antes de que me vaya? —preguntó,