17. Narra Anastasia
El martes amaneció con un cielo plomizo que reflejaba perfectamente mi estado de ánimo. Al entrar en el edificio MAVE, cada paso sobre la alfombra gris parecía arrastrarme hacia un abismo. Maverick estaba en su despacho desde antes que amaneciera. Su puerta, como siempre, era una barrera infranqueable, pero hoy se sentía como el umbral de una celda.
—Anastasia, entra —su voz resonó por el intercomunicador, fría y autoritaria.
Crucé el umbral. Él estaba de pie frente al ventanal, con la espalda