14. Narra Anastasia
La cremallera bajó con un sonido que me pareció un trueno en el silencio del penthouse. El aire fresco de la estancia impactó contra mi espalda desnuda, erizando cada vello de mi piel, pero el calor que emanaba de Maverick era tan intenso que terminé olvidando el frío. Sus manos, grandes y firmes, se quedaron un segundo en la curva de mi columna, como si estuviera memorizando la topografía de mi cuerpo antes de reclamarlo por completo.
—Te ves tensa —murmuró, su voz vibrando contra mi nuca mien