Cerré los ojos sutilmente, acortando la mínima distancia física que separaba nuestras bocas, esperando el impacto definitivo de su tacto.Sin embargo, el destino de nuestro pacto de guerra de alta sociedad tenía otros planes para esa madrugada del martes.Un pitido digital agudo, estridente, metálico y sumamente inoportuno cortó la intimidad de la estancia con la fuerza de un impacto directo en el pecho. El sonido del intercomunicador de seguridad, activado por los circuitos de la línea de emergencia de la Torre Vardan, resonó contra las altas paredes de caoba oscura.La vibración digital rompió la atmósfera densa y caliente de la habitación en una fracción de segundo, devolviéndonos la cruda realidad en un parpadeo absoluto.El cuerpo imponente, atlético y musculoso de Ezra se tensó de golpe bajo mis manos, congelando el movimiento de sus labios perfectos a milímetros de los míos.Sus ojos grises se oscurecieron por un milisegundo, perdiendo de forma inmediata la vulnerabilidad de su
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