El silencio dentro de la recámara principal del sector sur era tan espeso que se me metía por los oídos, amplificando el torbellino de mis pensamientos ocultos.
Llevaba más de una hora dando vueltas entre las sábanas de seda de mi lado seguro de la cama, con los ojos abiertos de par en par en medio de la penumbra. El eco de la demanda civil de Cristhian Olmos amenazando con bloquear mi desfile privado del miércoles seguía dándome vueltas en la cabeza, disparándome la adrenalina.
La angustia y l