El trayecto de regreso desde el sector norte, transcurrió bajo el peso de un silencio sepulcral, espeso, denso y sumamente asfixiante que me cortaba la respiración.Dentro del espacio cerrado del sedán negro blindado, los directores legales de Corporación Vardan guardaron una compostura rígida, tecleando especificaciones de mercado en sus pantallas digitales. A mi lado, Ezra se mantuvo completamente inmóvil, con la mandíbula tensa y la mirada implacable de sus intensos ojos grises de invierno, fijos en la neblina de las avenidas principales, desprendiendo una abrumadora presencia física que me aceleraba las pulsaciones de una forma alarmante.Ninguno de los dos articuló una sola palabra durante el viaje de regreso al penthouse, acumulando una electricidad asfixiante que amenazaba con hacer estallar los cristales del coche.Llegamos al penthouse, las puertas doradas del ascensor privado se deslizaron con un susurro casi imperceptible, en cuanto alcanzamos el piso más alto de la torre d
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