Cerré los ojos sutilmente, acortando la mínima distancia física que separaba nuestras bocas, esperando el impacto definitivo de su tacto.
Sin embargo, el destino de nuestro pacto de guerra de alta sociedad tenía otros planes para esa madrugada del martes.
Un pitido digital agudo, estridente, metálico y sumamente inoportuno cortó la intimidad de la estancia con la fuerza de un impacto directo en el pecho. El sonido del intercomunicador de seguridad, activado por los circuitos de la línea de emer