El zumbido constante de los obturadores de las cámaras fotográficas, se volvió un ruido con luz blanca asfixiante que presionaba mis sienes.
Los lentes de largo alcance de la prensa de sociedad se amontonaban detrás del cordón de seguridad de la terraza, capturando cada milímetro de nuestra postura rígida. Frente a nosotros, la sonrisa fría y de superioridad aristocrática de Victoria Vardan se expandió, saboreando el peso de la emboscada que acababa de tender sobre mi orgullo.
La matriarca dio