Con un movimiento rápido, impositivo y felino, me guió por un pasillo lateral oculto tras unas enormes columnas de mármol. Nos adentramos en una pequeña biblioteca privada en penumbra que olía a libros viejos, cuero y madera costosa.Cerró la puerta de madera oscura de un golpe a nuestras espaldas, aislando por completo el ruido del exterior. Me atrapó entre su cuerpo atlético y la pared. El espacio era tan reducido que podía sentir el calor abrasador que emanaba de su pecho bajo el traje azul noche. Sus intensos ojos grises centelleaban con una fijeza implacable en medio de la oscuridad.—¿Qué haces, Vardan? —le siseé en un susurro apresurado, con el corazón martilleándome las costillas de pura alarma—. La cena de gala está por comenzar. Los invitados ya están allí.—Te estoy poniendo en contexto, pequeña diseñadora —respondió él, su voz bajando a un tono ronco, bajo y sumamente concentrado que me erizó la piel por completo—. Necesito que dejes tu orgullo afuera por un momento. Debes
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