El sonido estridente de las notificaciones de mi teléfono celular rompió el silencio de mi suite norte a los pocos minutos de haber huido de la cocina.
Me había dejado caer de espaldas sobre la cama king size, con la respiración todavía entrecortada y el sabor amargo de la humillación quemándome la garganta. La astuta respuesta de Ezra sobre que el roce físico solo era una "práctica de seguridad" seguía dándome vueltas en la cabeza, encendiéndome la sangre de pura rabia.
Estiré la mano con brus