La mesa presidencial de la dinastía Vardan parecía un altar de sacrificio cubierto de mantelería fina.
Nos sentamos en el centro exacto del gran banquete. Yo me encontraba flanqueada por la imponente presencia de Ezra a mi derecha, mientras que en el sector opuesto, las miradas cargadas de veneno de Cristhian y Vanessa nos vigilaban de cerca. El silencio incómodo que se había instalado en nuestra zona fue interrumpido por el tintineo de los primeros platos de porcelana.
Frente a nosotros, Victo