El Contraataque Social no podía quedarse detrás de las paredes de cristal de mis nuevas oficinas.
Tenía el financiamiento asegurado, al mejor equipo de asistentes de la ciudad y un espacio que gritaba éxito.
Pero la rabia por la traición que me había dejado en la quiebra el lunes por la mañana seguía dándome vueltas en la cabeza. Necesitaba que Cristhian y Vanessa vieran con sus propios ojos el tamaño de su fracaso profesional.
Por eso, la apertura de mi estudio de diseño independiente no sería