El peso del aire del gran salón se había vuelto completamente insoportable. En cuanto Arthur Vardan dio por terminada la cena, las asfixiantes dinámicas de la alta sociedad se dispersaron en pequeños grupos de hipocresía por todas partes.
Necesitaba salir de allí de inmediato. Necesitaba respirar un aire que no estuviera contaminado por el veneno de la matriarca ni por la mirada rencorosa de Cristhian Olmos.
Aprovechando que Ezra se había quedado retenido por dos inversores de la junta, me desl