La carta había desaparecido. Durante tres días, la busqué en cada rincón de la mansión, revisando los pasillos, el vestíbulo, incluso la cocina. Pero no apareció, era como si nunca hubiera existido, como si mi mente la hubiera inventado para darme una razón para seguir adelante.Pero sabía que era real. Había leído las palabras de Elisa con mis propios ojos: "Tú no eres quien crees ser." Y esa verdad, aunque fragmentada, era más real que cualquier mentira que hubiera vivido hasta entonces.El medallón seguía en mi bolsillo, y lo llevaba a todas partes, incluso mientras dormía. No podía permitir que también desapareciera, era lo único que me quedaba de mi verdadero origen.Esa mañana, bajé al comedor con la intención de desayunar con Thiago, que seguía en su habitación descansando, pero al entrar, encontré a Yerald en la mesa, algo inusual a esa hora. Normalmente ya se había ido a la oficina. Su presencia me tomó por sorpresa, y más aún cuando vi su rostro, estaba tenso, con la mandíbu
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