Los días en la mansión comenzaron a tener una cadencia diferente.Ya no era el ritmo acelerado de la investigación, ni la tensión contenida de la espera del juicio. Era un ritmo más lento, más suave, como si el tiempo mismo hubiera decidido darnos un respiro después de meses corriendo sin saber muy bien hacia dónde. Me había acostumbrado tanto a funcionar en emergencia que la calma, paradójicamente, me costaba más trabajo que el caos. Pero estaba aprendiendo. Día a día, estaba aprendiendo.Esos respiros, sin embargo, en una familia como la nuestra, nunca duraban demasiado.Fue Martina quien trajo la noticia.Llegó una tarde sin avisar, con el pelo revuelto por el viento y una expresión que no logré descifrar del todo cuando abrí la puerta. No era preocupación exactamente, pero tampoco era alegría. Era algo intermedio, algo que parecía estar esperando el momento adecuado para revelarse, como si ella misma no supiera todavía qué nombre ponerle a lo que traía entre manos.—Tengo algo que
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