No dormí bien el resto de la noche.
No fue por preocupación ni por ninguna de esas ansiedades que antes me mantenían despierta con el corazón acelerado y la mente haciendo listas de cosas que podían salir mal. Fue otra cosa. Una especie de anticipación que no sabía muy bien cómo clasificar. Álvaro iba a llegar en unas horas y yo no terminaba de saber qué esperar de ese reencuentro ni qué traería consigo ni cómo iba a cambiar el aire de la mansión cuando él volviera a ocupar su lugar en ella.
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