El sol entró por la ventana de mi habitación como un recordatorio silencioso.
No era un amanecer cualquiera. No tenía la urgencia de los amaneceres de los últimos meses, esos que llegaban cargados de cosas pendientes y decisiones que no podían esperar. Este era diferente. Este llegó despacio, como si supiera que hoy no hacía falta correr. Como si él también recordara qué día era.
Me quedé en la cama unos minutos más, mirando el techo.
Un año. Exactamente un año desde aquella mañana en que entré