El día después de la ruptura del contrato amaneció con una luz distinta. No sé explicarlo de otra manera. Era como si el sol, al saber que ya no había ningún papel que nos atara, hubiera decidido brillar con más ganas. O quizás era solo yo, que por primera vez en un año no tenía que recordarme a mí misma que esto era real.
Andrés había estado extraño toda la mañana. No en el mal sentido. Solo distinto. Más callado, pero con una sonrisa que se le escapaba cada vez que creía que yo no miraba. Mar