Lo supe a la mañana siguiente.
No porque Andrés me lo contara de inmediato sino porque lo vi en su cara cuando bajé a desayunar. Había algo diferente en él. No era euforia ni el tipo de alegría ruidosa que se nota desde lejos. Era algo más quieto. Más asentado. Como cuando una conversación importante finalmente ocurre y deja en su lugar algo que llevaba tiempo sin encontrar dónde estar.
Lo encontré en la cocina con Álvaro. Los dos con café, los dos en silencio, pero un silencio que no tenía nin