Durante la noche del sábado, el bosque quedó envuelto en una tranquilidad profunda, acompañado únicamente por el murmullo del viento entre las copas de los árboles. Habíamos pasado los últimos días alejados de todo, en un lugar donde las horas parecían avanzar de una manera distinta, lejos del ruido y las exigencias que siempre nos perseguían en la ciudad.Esa tarde, decididos a aprovechar hasta el último instante antes de regresar a la realidad, caminamos durante horas por senderos ocultos, perdiéndonos entre la vegetación húmeda y el aroma fresco de los pinos. Regresamos a la cabaña con el cansancio agradable de quien había disfrutado cada momento, con los cuerpos agotados y una felicidad que todavía me resultaba extraña, pero completamente sincera.Cenamos juntos en el suelo del salón, sentados sobre la alfombra rústica frente al fuego de la chimenea. El sonido de la madera ardiendo era lo único que rompía el silencio de la estancia, creando una intimidad que jamás imaginé comparti
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