El sonido del agua cayendo desde la planta superior fue la oportunidad que estaba esperando. Sebastian se había encerrado en la ducha antes de preparar las cañas para nuestra salida al lago, dejándome unos minutos completamente sola. No los desperdicié. Dejé la taza de café a medio terminar sobre la barra y crucé el salón con paso rápido. Mis pies descalzos se hundían en la alfombra donde, apenas unas horas antes, habíamos dejado de fingir para entregarnos el uno al otro por completo. El calor