A medida que los kilómetros quedaban atrás, el bosque comenzó a desaparecer por el retrovisor, llevándose consigo la tranquilidad que habíamos encontrado durante aquellos días. Dentro del Maybach solo se escuchaba el ruido constante del motor y la música suave que salía de los altavoces. Sebastian mantenía una mano sobre el volante y la otra entrelazada con la mía, acariciando distraídamente mis dedos como si aquel pequeño contacto fuera suficiente para impedir que la realidad terminara de alca