Mis tacones resonaban sobre el mármol pulido del pasillo presidencial mientras intentaba convencerme de que había recuperado el control. El traje negro de corte impecable y la expresión serena que llevaba desde primera hora del lunes hacían un trabajo excelente engañando a cualquiera. Lástima que mi cabeza siguiera atrapada en los acontecimientos del día anterior.
Había estado a punto de descubrir qué escondía aquel cajón protegido por un código de seguridad. Bastaron unos minutos para que Seba