Tras la cena con los inversionistas de Zúrich, el regreso a casa estuvo marcado por una tensión difícil de ignorar. Al entrar a nuestra habitación, dejé mi bolso sobre la mesa y me acerqué al espejo para quitarme los pendientes.
Intenté concentrarme en los pequeños detalles de la rutina, pero la denuncia de Elena Castellar seguía ocupando un espacio imposible de apartar dentro de mi cabeza. Saber que aquella historia estaba relacionada con la propiedad donde habíamos compartido algunos de nuest