Abrí los ojos de golpe, con una sensación de angustia oprimiéndome el pecho. Una tenue luz gris comenzaba a filtrarse por las rendijas de las cortinas de la cabaña, dibujando sombras difusas sobre el dormitorio. Mi mirada se desvió casi por instinto hacia el celular, abandonado sobre la mesita de noche, y el recuerdo del mensaje recibido unas horas antes volvió a instalarse en mi cabeza con la misma fuerza.
Las palabras del número oculto seguían persiguiéndome, negándose a desaparecer: «Pregúnt