El territorio de Orion Fangmoon parecía una manada al borde de devorarse a sí misma.Era una tierra de excesos.Un lugar donde los límites se habían roto y nadie parecía interesado en levantarlos del suelo.Cassiel caminaba a mi lado, con una mano en mi espalda. No me empujaba ni me guiaba como si yo fuera frágil. Solo estaba ahí, firme, atento, colocando su cuerpo ligeramente delante del mío cada vez que algún lobo miraba más de lo necesario.—No me gusta este lugar —murmuré.—Lo sé.Su respuesta fue baja, casi íntima.Levanté la mirada hacia él.—¿Tan evidente soy?Cassiel bajó el rostro apenas, lo suficiente para que su voz me rozara el oído sin que nadie más escuchara.—Para mí, sí.Mis dedos buscaron los suyos sin pensarlo. Él entrelazó nuestras manos de inmediato, como si hubiera estado esperando ese gesto desde que entramos.Hubo un tiempo en que el nombre de Orion Fangmoon me hizo pensar en una amenaza.La primera vez que lo escuché, llegó cubierto de advertencias. Después, cua
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