Cada paso hacia el centro polar de Etheria se sentía como una prueba contra mi paciencia.
El rastro de nuestros cachorros había comenzado a sentirse, pero no como debía. No era claro. No era firme. Aparecía y desaparecía entre la nieve endurecida, entre ráfagas heladas cargadas de magia, entre una energía ajena que nos impedía alcanzarlos con la fuerza del vínculo.
Fenrik gruñía dentro de mí desde hacía horas.
—Déjame salir.
—No.
—Nuestros cachorros están lejos de nosotros.
Lo sabía.
Cada maldi