Cuando finalmente llegamos a nuestro destino.
Mis piernas casi cedieron.
Cassiel me sostuvo por la cintura antes de que pudiera caer.
—Están aquí —susurré.
Su mano se tensó sobre mí.
No dijo nada, pero sentí a Fenrik elevarse dentro de él con una furia que hizo vibrar el aire. Cassiel avanzó conmigo hacia la entrada de la fortaleza, y aunque su cuerpo estaba preparado para luchar, su mano seguía sobre mi espalda, firme, recordándome que no iba sola.
La piedra helada de aquel lugar parecía absor