KHALIDCompré el anillo en veinte minutos.Sin dudas, sin vueltas, sin dramas. Entré con una lista en el teléfono —presupuesto, talla, estilo discreto, política de cambio— y salí con una caja de terciopelo azul en el bolsillo del saco. El clásico. Sobrio, elegante, perfecto para Yasmín.Manejé de vuelta a casa muy satisfecho conmigo mismo. Un hombre de treinta y ocho años que por fin va a ordenar su vida. Anillo comprado, decisión tomada, futuro definido.Y entonces entré por el jardín.La risa se oía desde el portón.Esa risa. La escandalosa, la que se ríe con todo el cuerpo, la que hace voltear a la gente de las otras mesas.Gabi estaba sentada en el borde de la fuente, con las piernas cruzadas y una lata de refresco en la mano. Y frente a ella, apoyado en el capó del auto que estaba lavando, con la manga arremangada y una sonrisa fácil, estaba Karim.—…y entonces el señor me dice, muy serio: "Karim, el que rompió el vaso fue el gato" —contaba Karim—. Señora Gabi, en esa casa no hab
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