CARMEN
Me levanté a las cinco y media, como siempre, y me puse a inspeccionar.
Porque una cosa te digo: a mí me pueden meter en el palacio más bonito del mundo, con sus mármoles y sus candiles y sus cortinas que valen más que mi casa entera, que yo lo primero que hago es revisar las esquinas. Y en esta casa, con todo y su lujo, hay algo que no me cuadra.
No es la suciedad. Está impecable, eso sí.
Empecé por la cocina, que es donde se sabe todo en cualquier casa del mundo.
—Buenos días, mijita.