CARMEN
Ya llevamos cuatro semanas con la misma rutina, Hassan y yo.
A las cinco de la tarde, cuando baja el calor, yo agarro dos tés y me voy a la terraza chica, la que da a los naranjos. Él ya está ahí, sentado en su silla, con el brazo todavía en cabestrillo pero cada día más rezongón, que en los hombres es la señal de que están sanando.
Nos sentamos. Nos peleamos un rato. Y platicamos hasta que oscurece.
Increíble como el tiempo pasaba tan rápido en Dubai.
Nos reímos los dos como dos viejos