MARIANAMansour la paseó por toda la casa.Del brazo, como un trofeo. De grupo en grupo, de invitado en invitado, presentándola con esa voz de patriarca satisfecho que se oía por encima de la música. *Aaliyah Bin Saqr, la hija de mi querido amigo. Aaliyah, permíteme presentarte al ministro. Aaliyah, querida, cuéntales de tus estudios en Londres.*Y ella, impecable, sonriendo, recibiendo besos en la mejilla, dejándose fotografiar en el jardín de mi casa.Y yo ahí. De pie junto a una columna, con mi copa, siendo la señora de la casa a la que nadie estaba presentando.—Mija. —Mi madre llegó a mi lado con un plato de canapés que se estaba comiendo sin ninguna vergüenza—. Te voy a decir algo y no te enojes.—Dime.—Esa muchacha parece la esposa de tu marido. —Masticó—. Y tú pareces la organizadora de la fiesta.—Ma.—Es la verdad y me duele decirla. —Bajó el plato—. Mírala. El viejo la trae del brazo por toda su casa, la presenta con todo el mundo, se ríe con ella, la exhibe. ¿Y a ti? ¿A t
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