LAYLA
—Cuidado con la caja, por favor. Esas copas son de mi madre.
—Sí, señorita.
Karim acomodó la caja en la cajuela con más cuidado del que yo habría tenido, y me abrió la puerta trasera. Yo subí sin mirarlo, como se sube uno al auto de siempre, y él arrancó hacia el siguiente mercado de la lista.
Me faltaban las flores, los manteles, las velas y una salsa de cierta marca que solo venden en un lugar imposible al otro lado de la ciudad. Mi hermano se va a comprometer y yo pienso hacer de esa n