MARIANA
Fue idea de Layla sentarnos todos a la mesa. "Para que las familias se conozcan", dijo, la pobre, con toda la buena fe del mundo.
Yo supe que era mala idea desde que vi la mesa puesta: Mansour en la cabecera. Mi madre a tres sillas de distancia. Y entre los dos, catorce cubiertos, dos idiomas y una guerra esperando a empezar.
Aguantamos hasta el segundo plato.
—Dígame, señora. —Mansour dejó los cubiertos con esa lentitud suya que siempre anuncia algo—. ¿A qué se dedica usted en México?