GABI
Esa noche, la de la cena, alguien se paró frente a mi puerta.
Yo estaba del otro lado, sentada en el piso con la espalda contra la cama, sin luz, aguantándome las ganas de llorar como una idiota por un hombre que en ese preciso momento le estaba pidiendo matrimonio a otra.
Y oí los pasos. Se detuvieron ahí, justo ahí. Y se quedaron. Mucho rato.
No sé cuánto. Se me hizo eterno.
Yo no me moví. No respiré. Me quedé mirando la rendija de luz debajo de la puerta, con dos sombras clavadas ahí, e