MARIANA
No dormí en toda la noche.
Me pasé las horas ensayando lo que le iba a decir a mi madre. Armando frases, tirándolas, armando otras. Como si existiera alguna manera de acomodar las palabras "me casé con un desconocido por un contrato para salvar mi empresa" y que sonaran bien.
A las seis de la mañana me rendí, me puse una bata y bajé a la cocina.
Y ahí estaba ella. Sentada a la mesa, con un café que se había servido sola, mirando por el ventanal hacia el jardín de los naranjos.
Mi madre