KHALID
La terraza quedó preciosa.
Eso hay que reconocérselo a mi hermana: los faroles encendidos, la mesa junto a la balaustrada, la ciudad brillando abajo, y flores de azahar por todas partes. Layla cruzó Dubái entero por esos detalles. Cuando la vi terminando de acomodar las velas, se me hizo un nudo en la garganta.
Yo me quedé ahí, tocándome el saco por encima, sintiendo el bulto de la caja como quien se palpa una herida.
Y me sorprendí buscando algo con la mirada.
A alguien.
Porque Layla me