En cuanto Clara tomó el camino que conducía a la mansión, Anastasia se quedó completamente sola. Sus lágrimas brotaron de forma incontenible. Estar allí, en el mismo lugar donde su sueño de llegar a ser ganadora del máximo trofeo en equitación se sepultaron para siempre, resultaba doloroso y difícil. Aquel lugar estaba lleno de fantasmas y recuerdos. El olor a pasto seco, los caballos relinchando desde las caballerizas, el roble dando sombra a una de las tribunas donde su padre se sentaba a verla cabalgar. Todo seguía allí, en el mismo lugar recordándole aquel momento trágico.Como un dejà vu, las imágenes desfilaron por su cabeza, una detrás de la otra. Su cuerpo volando por el aire, la caída estrepitosa, los gritos de André… luego oscuridad y silencio. Frotó sus piernas con ambas manos y las golpeó con fuerza, desahogando en ellas, su frustración.—Maldita sea por qué, por qué a mí —rompió nuevamente en llanto.Había pasado un año y aun así, el recuerdo de aquel momento seg
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