Luego que Emma se retiró de la habitación, Sebastián se apartó de y mostró distante con Anastasia. Mientras ella aún se sentía perturbada, él contrariamente se distrajo comiendo su postre. Aquella interrupción, había servido para que Sebastián lograra retomar el control y mantenerse a salvo de sí mismo. Sabía que si cedía nuevamente, la situación entre ellos escalaría de forma inevitable. Aunque una parte de él, moría de ganas por besarla y tenerla entre sus brazos, la otra parte, le pedía cuidar de ella, protegerla.El silencio fue un poco largo, pero las miradas, los gestos hablaban por sí solos. —Está exquisito —finalmente dijo él. —Sí, —contestó, parca—. La cocinera es muy buena. Mi padre siempre ha cuidado ese tipo de detalles. —Debe ser muy meticuloso, entonces. —Lo es. —sonrió brevemente—. Pero también es el mejor padre del mundo. Al mencionar aquellas palabras, sus ojos se llenaron de un brillo especial. Algo que paralizó a Sebastián por unos segundos.—Él h
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