Sebastián apenas tuvo tiempo de reaccionar.
Al escuchar pasos acercándose por el pasillo, cerró la carpeta de inmediato, se agachó y se escondió debajo del enorme escritorio de madera, guardando consigo los documentos.
La puerta se abrió.
Clara entró en la biblioteca con expresión confundida.
—Qué raro… —murmuró mientras recorría el lugar con la mirada—. No recuerdo haber dejado la puerta entreabierta.
La mujer avanzó unos pasos, observó todo a su alrededor mientras Sebastián permanecía