Cuando finalmente sus labios se separaron, los dos jadeaban. Sus respiraciones se mezclaron en el aire frío.
Sebastián apoyó la frente contra la suya.
—Lo siento —murmuró con la voz ronca—. No debí hacer eso.
Anastasia tenía los ojos cerrados. Al escuchar aquellas palabras, los abrió despacio. Lo miró confundida, sin entender porque ahora la rechazaba.
—¿Qué dices?
Él se incorporó rápidamente y se apartó por completo de ella.
Pasó la mano por su cabello húmedo. Realmente estaba descon