Sebastián dejó el teléfono encima de la mesa de noche. Terminó de secarse y ponerse la pijama. Luego se acostó.Los pensamientos llegaron a su cabeza uno detrás del otro sin que pudiera detenerlos. Se había infiltrado en la mansión haciéndose pasar por un simple jardinero y así investigar todo sobre Iván Belmonte, sobre sus negocios y sobre su familia. Con mucha rapidez, había logró cautivar desde el primer día a Emma, la mujer que llevaba más tiempo trabajando en la hacienda como mucama de los Belmonte. Todo estaba funcionando como lo había pensado, excepto por un nimio detalle, Anastasia. La hermosa pelirroja, de la cual tenía algunas referencias, no era exactamente como se la habían descrito. Aunque era un tanto soberbia e impulsiva, había algo en ella que provocaba en Sebastián, emociones contradictorias. Por un lado, veía como una pieza perfecta para su venganza, pero por otro, quería protegerla y cuidarla. Eso sin mencionar que su mirada, su sonrisa y su cercanía desp
Leer más