—Sí, estoy bien, abuelo... no se preocupe —respondió ella, forzando una respiración tranquila, aunque los ojos le escocían por la humillación.El hombre, a quien Simón había llamado Fabián, dejó la copa vacía en una mesa cercana y se volvió hacia Lia con una expresión de absoluto remordimiento. Era un hombre joven, de facciones aristocráticas y una sonrisa magnética, con un parecido físico innegable a la familia Valenti, pero con un aura mucho más relajada y desparpajada que la de Adrián.—De verdad, disúlpame —dijo Fabián, dando un paso hacia ella y mirándola con fijeza, impactado por la belleza de la mujer que tenía enfrente—. No te vi, venía distraído saludando a unos tíos en la entrada. Qué torpe de mi parte arruinar un vestido tan espectacular.—No se preocupe —replicó Lia, tratando de cubrirse el escote mojado con las manos, sintiéndose repentinamente expuesta—. Creo que... iré al baño a intentar limpiarlo un poco antes de marcharme.—Déjame acompañarte —insistió Fabián de inmed
Leer más