Las cartas sobre la mesa
El trayecto hacia el centro del salón principal parecía extenderse como una pasarela interminable bajo la luz de las arañas de cristal. Los murmullos de los invitados, lejos de disiparse, se intensificaron a medida que Lia y Adrián avanzaban. El contraste entre el esmoquin negro de corte impecable de él y el vestido rojo fuego de ella creaba una armonía visual tan perfecta que resultaba dolorosa para quienes conocían el trasfondo de aquella unión.
Samuel, apostado cerca