Joaquín dio un paso al frente, con su voz de mando. —No hagas tanto drama por esto. Solo será una semana, hasta que se case. Es un sacrificio pequeño, Lia, y es lo menos que puedes hacer por tu familia en este momento.Lia no esperó más. La rabia, antes una llama pequeña, se convirtió en un incendio voraz que consumió cualquier rastro de duda. Subió las escaleras corriendo, con sus padres gritándole cosas que se perdían en el eco de su furia. Al entrar en su habitación, el horror fue mayor: sobre su mesa de noche, una foto de ella y Daniel había sido movida, y en su lugar, Andrea había dejado sus propias pertenencias, como si fuera una invasión territorial. Lia apretó los puños con tanta fuerza que sus uñas se clavaron en sus palmas.Abrió el clóset, arrancó sus perchas y empezó a meter toda su ropa en una maleta vieja, sin orden, sin cuidado, con la urgencia de quien huye de un incendio. Andrea entró en la habitación con paso felino y se apoyó en el marco de la puerta, observando la
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