—Bueno... la verdad es que nosotros... —Empezó Lia, dispuesta a confesar que el compromiso era solo un acuerdo contractual.
—Gracias, abuelo —la interrumpió Adrián de inmediato, colocándole una mano firme pero sutil en la parte baja de la espalda, silenciándola con el contacto—. Y sí, es verdad. Lia está hermosa esta noche. Mi madre tiene toda la razón; escondía un gran tesoro bajo su uniforme de secretaria. Un tesoro que apenas estoy empezando a descubrir.
Lia se quedó sorprendida por la inter