Cenizas bajo la lluviaEl motor del auto deportivo de Fabián se apagó, dejando al habitáculo sumido en un silencio denso, solo interrumpido por el golpeteo rítmico de la lluvia que había comenzado a caer sobre la ciudad, como si el cielo también buscara lavar la tensión de la noche. Lia seguía envuelta en la toalla blanca, con los dientes castañeando levemente, mientras el vestido azul medianoche, ahora pesado por el agua residual, se adhería a su cuerpo como una segunda piel gélida.Fabián estacionó frente al edificio de departamentos de Lia. Giró el cuerpo hacia ella, observándola con una mezcla de admiración y lástima. Su mirada recorrió el rostro pálido de la joven, deteniéndose en sus labios, que mantenían un rastro de azulado por el frío.—¿Estás bien? Aún tiemblas —dijo Fabián, su voz despojada de la arrogancia habitual, reemplazada por un tono de genuina preocupación.Lia levantó la vista, encontrándose con los ojos de su rescatador. La confusión en su mente era un torbellino,
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